No sé en qué momento a la cosmética natural se la ha agenciado el adjetivo de sostenible, pero en esta vida no todo es blanco o negro, y como existen los grises, os dejo todo el contenido que escribí sobre este tema para el suplemento BUENA VIDA de EL PAÍS para que vosotros mismo saquéis vuestras conclusiones.

Un ingrediente de origen natural pasa si o si por un laboratorio, al igual que yo paso por la puerta para salir de casa, aunque el proceso sea una mera presión en frío para obtener un aceite.

Al ser de pueblo me vienen símiles relacionados con las cosechas, así que imagínate que tienes una plantación de pimientos de padrón, necesaria para el extracto de tu cosmética natural, pero vienen unos días de lluvia y te fastidian todo el cultivo. Ahí hemos estado consumiendo recursos naturales que no han servido para nada, mientras que en un laboratorio tu controlas todos los factores. Y ya sabemos todos lo que se dice de los pimientos de padrón, pues el que unos piquen y otro no, depende de las sustancias presentes en ellos, por lo que un extracto de pimientos de padrón puede salirte muy picante o insípido, y esa es una de las grandes desventajas de los extractos naturales, que su variabilidad depende de las condiciones que se den durante el cultivo.

Por otro lado, por ejemplo para obtener un emulsionante muy habitual en cosmética natural, el ester de sucrosa (que puede ser derivado de plantas o sintético), te hace falta una planta de la que luego  tienes que extraer y modificar mediante reacciones químicas para llegar a lo que te interesa finalmente. Mientras que partiendo de un proceso puramente químico (aunque hasta una lechuga es pura química) puedes optimizar el rendimiento de la obtención de ese activo.

Tanto obteniendo activos derivados de productos naturales como puramente sintéticos se generan residuos en mayor o menor proporción que han de ser tratados.

Lo que quiero decir con todo esto, es que algo por ser de origen natural o sintético no va a ser más o menos sostenible, hay muchos factores que evaluar.

Un ejemplo a tener en cuenta, sería la química verde que se centra en el impacto de esta sobre el medio ambiente, desarrollando procesos químicos mucho más eficientes, con menor consumo de fuentes no renovables, reduciendo el uso de sustancias que pueden tener impacto sobre el medio ambiente y con una emisión menor de compuestos. Para mi era un término desconocido hasta que realicé durante la carrera unas prácticas en InKemia que desarrolla químicos según las bases de la química verde.

El primer activo cosmético desarrollado bajo los principios de química verde es un hijo del gigante L’Oreal llamado Pro-Xylane y que se encuentra en muchas de sus marcas. Otra empresa Española llamada Vytrus Biotech obtiene activos de células madre vegetales (y que están certificados) mediante procesos que utilizan menor cantidad de recursos naturales que los usados por métodos convencionales.

Cosmética certificada ¿Maravilla en un tarro?

Respecto a las certificaciones de cosmética ecológica no tengo ningún problema con ellas, puesto que cada marca se enfoca a su consumidor objetivo y hay personas que demandan este tipo de cosmética. Además, cada sello pertenece a una organización que se rige y evalúa a los fabricantes según sus propios estándares. Pero lo que no comprendo es en qué momento se asoció la sostenibilidad con la cosmética natural certificada, ya que por el simple hecho de estar explotando un recurso natural (sea siguiendo las reglas de una certificación o no), para obtener muchas veces una cantidad de materia prima pequeña, el proceso en si no es para nada sostenible (imagina solamente el consumo de agua y el desgaste del terreno). Un ejemplo lo tenemos en el aceite de palma, usado no solo en cosméticos (para obtener ciertos ingredientes) sino también en alimentación que ha llevado a un problema de deforestación.

Y mientras se le ha dado tanta importancia a la cosmética natural certificada, se ha dejado de lado a la química verde/química sostenible(que miedo me da el día que se use como estrategia de marketing, ya se inventarán algún sello)

Evaluar la sostenibilidad de un cosmético es algo complicado, ya que entra el juego todo el ciclo de vida del cosmético, desde el proceso de obtención de los ingredientes, el envasado y transporte de estos, la producción del cosmético en sí, su envase, transporte hasta el consumidor y el resto de la vida del envase una vez lo tiramos.

Los envases, otro punto a evaluar.

El dilema del envase ¿Vidrio, plástico o aluminio? Volvemos a lo mismo, tanto vidrio como aluminio pueden reciclarse indefinidamente mientras que el plástico solo puede reciclarse cierto número de veces. Sin embargo, un envase de vidrio pesa más lo que se traduce en una mayor emisión de CO2 durante su transporte, siendo el plástico y el aluminio los más ligeros (pero recordemos que el aluminio se extrae mediante minería, algo poco sostenible). También se han puesto de moda ahora los envases que llaman de caña de azúcar, que no deja de ser plástico obtenido de estas plantas mediante distintos procesos, con la única ventaja  de que se emite en fabricarlo muchísimo menos CO2 que el que la planta ha eliminado durante su vida y queda más que compensado. Pero seguimos generando residuo plástico y explotando recursos naturales. Mecachis se nos había olvidado tener en cuenta la cantidad de CO2 que emite reciclar cada uno de ellos.

Lo que está claro es el que consumidor solo puede acceder a lo que está en el mercado y por mucho que hablemos aquí, si esas opciones no están disponibles, o la empresa fabricante se encarga de manejar estas variables y hacer el trabajo sucio por nosotros, es imposible para como consumidores tener en cuenta todos los factores a la hora de comprar.

Simplemente es usar el sentido común, cuando vamos a adquirir un cosmético, y esto no tiene que pasar por volvernos locos con el zero-waste: elegir productos fabricados en el país donde residas, ya que su recorrido hasta el cliente será menor (aunque los activos pocos procederán del país) y menor emisión de CO2.

¿Realmente una crema necesita una caja? Esa es otra de las opciones, buscar cosméticos que prescindan del acondicionamiento secundario (la caja de toda la vida de dios) o que si la llevan por los menos sea cartón reciclado FSC o no. El plástico abunda, pero a la hora de elegir unos se reciclan más fácilmente que otros, la reciclabilidad del PET y el HDPE es bastante buena.

Identificación del tipo de plásticos. ECOEMBES

¿Tapón o bomba? Es cierto que los sistemas de dosificación tipo bomba y airless protegen al cosmético de nuestras zarpas sucias, pero a la hora de reciclarlos es casi imposible ya que contienen en su interior elementos metálicos, por lo que un tapón simplón no es tan mala idea.

Los productos «Waterless» han venido a salvar el mundo

Aunque el producto no lleve agua, está presente en su ciclo de vida

Para quién no los conozca los productos «Waterless» son aquellos que carecen de agua en su composición. Pero si traducimos literalmente Waterless, su significado es «sin agua». Teniendo en cuenta lo hablado anteriormente y que la sostenibilidad de un cosmético incluye todo el ciclo de vida, usar la expresión cosméticos sin agua no es correcto, ya que aunque el cosmético en si no contenga agua (que por un lado está bien) en el proceso de obtención de los activos el agua ha estado presente, al igual que ha estado presente en la fabrica para la limpieza de material y reactores, el transporte, e incluso el agua que se usa para lavar los envases en el proceso de reciclado.

La Biodiversidad de los Sellos en el Marketing

Vamos a separar efectividad y seguridad de un cosmético (sea de origen natural o no) de certificaciones porque no se mide con sellos.

Es cierto que al consumidor de hoy en día los sellos le producen una sensación de confianza, credibilidad y seguridad sobre la marca y las encuestas así lo demuestran, pero es que TODOS LOS COSMÉTICOS FABRICADOS EN LA UNIÓN EUROPEA SE RIGEN POR LA MISMA LEGISLACIÓN POR LO TANTO SON IGUAL DE SEGUROS. Si no existiera dicha regulación, quién sabe, quizás se podría usar arsénico que es muy natural, da un color verde precioso y en la época victoriana se usaba por todas partes desde papeles pintados a moldes de cocina y así acabaron los pobres.

Yo como marca, puedo diseñar un dibujito que parezca un Sello y plantarlo en mi envase (sin pertenecer a ninguna certificación), para darle al consumidor esa sensación de seguridad.

Respecto a que nuevas marcas naturales puedan costearse las certificaciones, tenemos que partir de la base de que habitualmente los ingredientes de origen natural o derivados tienen un coste mayor, si a eso le sumas que el fabricante de ese ingrediente tiene que certificarlo y certificarse, y después el fabricante del cosmético tiene que certificarse y certificar el producto final, por lo que se tienen que pagar unas tasas anuales y una parte de los beneficios, cuando te pones a sumar es algo que puede salir caro y que lo repercutes en el precio final o simplemente no te certificas.

Además se ha creado la Norma ISO-16.128 para armonizar todo lo referido a cosmética natural y ecológica así como el contenido de estos ingredientes, sin tener que recurrir a certificaciones.

Un ejemplo de marca con ingredientes de origen natural, que indica su porcentaje sin recurrir a certificaciones externas lo tenemos en Apivita.

Como conclusión: son las marcas la que tienen que dejar marketing a un lado y preocuparse por la sostenibilidad total del producto cosmético, hacer todo lo posible para comunicárselo de forma honesta a los consumidores para así facilitar el proceso de compra.